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viernes, 8 de julio de 2011

NYOTAIMORI: PARA COMERTE MEJOR


Es conocido que los japoneses ponen gran cuidado no sólo en la preparación de sus comidas, sino en la presentación de éstas. El arte del arreglo de la comida se ve hasta en las loncheras bento y por supuesto también para una de los platos japoneses más conocidos: el sushi.

Así que, ¿por qué no presentar el sushi artísticamente dispuesto sobre el cuerpo desnudo de una bella mujer?


Nyotaimori (女体盛り) o "Sushi corporal" o "Sushi al desnudo" es una práctica gastronómica que viene viene ganando adeptos incluso fuera de Japón. Supongo que no es necesariamente por el sabor de la comida. En realidad se trata de una forma de "arte", y aunque parezca simple es mucho más complicado de lo que parece. La modelo debe pasar por varios baños, el último de ellos en agua fría para conservar el sushi. Tiene que entrenarse para permanecer inmóvil durante un buen tiempo mientras se dispone el arreglo artístico y los comensales degustan de la comida. ¡Así que ni se le ocurra estornudar!


Esta costumbre comenzó hace algunos años en Tokyo, en un bar en Shibuya, donde los clientes podían comer de las piernas y el estómago desnudo de la modelo Miho Wakabayashi. Pero la práctica se ha extendido por muchas partes del mundo.

¿Qué le parece? Tal vez Ud. quiera sorprender a sus invitados con un nyotaimori la próxima vez que organice una fiesta en casa. Eso sí, hágalo con sushi. ¡No se le ocurra hacerlo con pasta!



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jueves, 21 de mayo de 2009

¿QUÉ ES LO MÁS EXÓTICO QUE HAS COMIDO?


La cocina peruana es reconocida por su rica variedad en la combinación de ingredientes: res, pato, gallina, pollo, cerdo, cabrito, pescados y mariscos se combinan con vegetales para crear platos de diversos sabores (el pavo se consume mayormente en Navidad). Tal vez el plato más exótico de mi tierra para paladares foráneos sea el cuy chactado, o conejillo de indias, frito y servido con cabeza y todo. De forma similar, a lo largo de estos años, me he aventurado a someter a mi paladar (y a mi pobre estómago) a múltiples experimentos insólitos, algunos de los cuales procedo a comentar.


La primera comida exótica de la que tengo memoria fue el salmón, en las meridionales costas chilenas de Puerto Montt, donde sorprendentemente este delicioso pescado rosado era más barato que el pollo. Unos días después probaría ciervo por primera vez, en un inolvidable almuerzo con mi padre en un pintoresco restaurante de la bella ciudad argentina de Bariloche.

Algunos años después, en Arequipa, Perú, probaría avestruz, cuya carne roja no parece ser de un ave. Luego, en el Cañón del Colca, degusté alpaca, una carne un poco amarga pero nutritiva, ya que es la que menos colesterol posee.

Más colesterol pero más sabor tiene la carne de búfalo, muy popular en Atlanta y en general en el sur de EE.UU.

En México, me llamó la atención el mole, una salsa de chocolate amargo y algo picante con la que los mexicanos revisten sus comidas.


En un pequeño restaurante en Lisboa probé por primera vez jabalí y entendí porqué le gustaba tanto a Obelix. Exquisito.... y con un vino Oporto, mejor.


En Francia me encantaron los caracoles o escargots, y recordé alguna vez que mi mamá los preparó primorosamente en casa con paciencia, para sorpresa de sus invitados y frustración de los niños que no pudimos probarlos. Hablando de moluscos, fue un amigo francés quien, en un pueblito en Inglaterra, me invitó ostras, las cuales sorbimos crudas, al mejor estilo galo. Las ostras fueron sazonadas sólo con las críticas de mi amigo francés al mal gusto que tienen los ingleses para la comida.


No podía pasar por Australia sin degustar canguro, cuya carne es muy sabrosa y tierna.


Pero es en Asia donde he sometido a mi gusto a los sabores más extraños. En Japón he probado toda clase de hongos, raíces de bambú, hierbas y vegetales que no puedo identificar. Fue bastante extraño paladear helados con sabor a rosa o a lavanda, aunque no tan extraño como el sushi de carne de caballo.


La rana frita estuvo buenísima, y su carne sabe como el pollo.


En algún cumpleaños una amiga me invitó fugu, un pescado muy apreciado por los japoneses, y que si no es preparado con cuidado, el comensal puede morir en el intento.


Sin embargo, la carne de ballena es mucho más apreciada. Después de la guerra, los japoneses dependieron mucho de la carne de ballena para sobrevivir. Hoy en día, y dada la presión internacional para que Japón abandone la caza de cetáceos, la carne de ballena es carísima y sólo se vende en algunos lugares. Pero dado que este es el único país donde podía comerla, la probé en dos variedades: en jamón y apanada. Lo siento WWF, no volverá a pasar. ¿Sabrosa? Sí, pero un poco dura y oscura.


En India, tuve la ocasión de beber leche de vaca sagrada. No tiene nada de especial, excepto que me mandó al baño a los 10 minutos. Probablemente estaba siendo “purificado”.

En Pekín, una buena amiga me invitó aleta de tiburón, un manjar para los chinos. Ciertamente sabía bien.

No puedo decir lo mismo del balut, un bocadillo filipino consistente en un huevo de pato que tiene más de 20 días. Por tanto, y a pesar de que me lo hicieron comer en la oscuridad para evitarme la impresión, pude sentir la plumas y garras del patito atravesando mi garganta. Eso junto con el durian (una fruta apestosa), y el buko (jugo fermentado de coco que se extrae directamente de la fruta) fueron retos gustativos en Filipinas.


Pero la prueba más grande fue en Corea del Sur, donde probé unos escarabajos fritos. Dicho sea de paso, son muy populares entre los coreanos. A mí me supieron a galletas rancias.



ACTUALIZACIÓN

A pesar de lo que podría pensarse, la carne de perro no sabe mal. El olor es un poco intenso, pero la contextura es suave, tierna, y según decían mis amigos coreanos, es buena para la salud. A pesar de que me supo mejor de lo que había imaginado, no podría decir que la carne de perro está entre mis favoritas. Por tanto, el odioso pekinés de mi vecina puede respirar tranquilo.



Mejor me supo la carne de caballo, muy popular en Kumamoto, al sur de Japón. Puede disfrutarse tanto cruda, en sashimi, como frita. Se dice que su sabor se debe a que los caballos consumen las hierbas que crecen en las cenicientas laderas del volcán Aso, la caldera más grande del mundo.



La carne de oso, que probé en Estonia, es oscura, como lo son el cielo, la tierra y el pan en ese país. Es un sabor intenso, un poco amargo, pero lo interesante, tal vez más por el hecho de que fue servido en un "restaurante medieval" acompañado de cerveza a la miel. Mi profesor japonés decía "un oso se comió a mi abuelo, entonces ahora me comeré a un oso". Francamente espero que no haya sido el mismo oso.



Nunca habría imaginado, al ver la imagen de Santa Claus (Papa Noel, San Nicolás, el Viejito Pascuero, etc.) en su trineo jalado por un grupo de renos, que la carne de estos cérvidos sea tan deliciosa. Muy popular en Helsinki, Finlandia, la carne de reno es traída del norte del país y servida en exquisita salsa. Son aquí también populares los licores y postres hechos con frutas del ártico.


Y Ud. amigo lector, ¿qué es lo más exótico que ha probado?


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martes, 12 de mayo de 2009

LA QUINTA SIN COMIDA DE BEETHOVEN

Eruditos musicólogos e historiadores han descubierto el origen de la composición de la Quinta Sinfonía de Beethoven: el hambre.
El genio alemán adoraba comer en el restaurante japonés que quedaba a dos cuadras de su casa. En él se inspiró para crear su famosa obra.

¡Provecho!



Presionar aquí para ver el video en mejor resolución (sin subtítulos)

sábado, 11 de abril de 2009

LA MALDICIÓN DEL CORONEL SANDERS

Dotombori solía ser una de las áreas ribereñas más contaminadas de Osaka. En esta zona, pululante de negocios y de luces de neón, un canal acarreaba toda la inmundicia típica de las grandes ciudades. Pero recientemente, se viene llevando a cabo un interesante proyecto de renovación urbana, para volcar el distrito al arroyo, en vez de darle la espalda.

Junto a Pilarcita y Giancarlo, desde el puente Ebisubashi, contemplamos estas obras y el fantasma en ruinas de lo que fuera el Kirin Plaza de Shin Takamatsu. Entonces Mr. G., inefable narrador de historias interesantes, me cuenta la leyenda urbana del Coronel Sanders, icónico personaje de la cadena Kentucky Fried Chicken.

En 1985, el equipo de béisbol de los Hanshin Tigers, de Osaka, ganó el campeonato nacional. Cabe mencionar que el béisbol es el deporte más popular en Japón. Como resultado, los hinchas fueron a celebrar a Dotombori, y empezaron a dar vítores a los jugadores. Entonces, cualquier hincha que fuera parecido al jugador mencionado saltaba al asqueroso, inmundo, contaminado y peligroso canal desde el puente Ebisubashi. Al llegar al nombre de Randy Bass, no había allí ningún extranjero que se pareciera al jugador norteamericano. Entonces alguien tuvo la brillante idea de tomar la estatua del Coronel Sanders, que estaba parada cerca de un KFC cercano, y arrojarla al riachuelo.


Desde entonces los Tigers nunca más ganaron un campeonato, por lo que se empezó a conjeturar que se trataba de la maldición del Coronel Sanders. Entonces, se mandaron equipos de buceo, en un intento de recuperar "el cadáver"... Todo fue en vano... No había estatua y la mala racha ha acompañado al equipo por más de 24 años.

Eso hasta que, recientemente y gracias a los trabajos de recuperación del frente ribereño, se encontró la efigie, para júbilo de los fans del equipo. KFC Japan ha donado la célebre estatua que estaba prácticamente en buen estado, faltándole sólo las manos y los anteojos.


Para el caso, el alcalde de la ciudad de Sabae en la prefectura de Fukui, famosa por la elaboración de anteojos para todo Japón, ha donado un nuevo par de lentes iguales a los originales que se hicieron hace más de dos décadas.


No es la primera vez que el pobre Coronel sufre secuestros de ese tipo. Un amigo me cuenta que una vez estuvo tan borracho que se llevó a una estatua de un KFC a su departamento. Al despertar al día siguiente de la borrachera, se encontró que tenía al maniquí en su cuarto.

Entonces, sigilosamente, lo llevó a un teléfono público y llamó a Kentucky Fried Chicken:
"Hola, habla el Coronel Sanders. Anoche me fuí a tomar unos tragos con un amigo y me perdí. ¿Pueden recogerme en este teléfono?"

Oficio peligroso el de este coronel.

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