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miércoles, 22 de julio de 2009

UN ECLIPSE NUBLADO

Eclipse parcial de sol. Kioto, Japón, 22 de julio, 11 am

Aún tengo claro recuerdo de aquél eclipse total en Arequipa, Perú, el 3 de noviembre de 1994.
El cielo se oscureció, aunque no totalmente, como si fuera un amanecer, a pesar de que el eclipse ocurrió al medio día. Para ello nos habíamos provisto de rollos de película velados (en esa época primitiva no habían cámaras digitales) y así pudimos ver el maravilloso espectáculo de ver al sol oculto por menos de 3 minutos.

Así que imaginé que el eclipse (parcial en 80%) visible desde Kioto sería una experiencia parecida, más aún si el eclipse duraría 6 minutos y 39 segundos.

Total Eclipse 2009 Animation

Lamentablemente el cielo estuvo cubierto de una gruesa capa de nubes. Por momentos parecía llover. Sin embargo, y ya que no tenía rollos de película, esa gruesa capa de nubes me permitió ver el eclipse a simple vista y tomar algunas fotos en los pocos instantes en el el sol se hizo un espacio entre las nubes. Fue emocionante ver oscurecerse la ciudad, aunque no tan dramáticamente como hubiera sido si no hubiera estado tan nublado.

El sol entre las nubes de Kioto... ahora que la veo parece una imagen diabólica que me mira desde el cielo. ¿Será un castigo de los dioses, como se creía en el tiempo de los incas?

Similar suerte tuvo también Shanghai, en donde había gran expectativa ya que el eclipse iba a ser total. Aunque no se pudo ver al sol, cubierto tras las nubes, la ciudad se oscureció, como puede verse en el siguiente video.



En este video, tomado por el satélite japonés Himawari-7 (MTSAT-2) de la trayectoria de la sombra lunar puede verse también el cielo cargado de nubes en el sudeste asiático.



Ni modo, habrá que esperar un siglo hasta el 2122 para ver un eclipse tan largo, o bien escaparse a la Isla de Pascua para ver el siguiente eclipse total, el 11 de julio del 2010. Aunque imagino que será un gran negocio y los precios estarán exorbitantes, y quién sabe, durante el eclipse los moai despierten... ¡Atención místicos!

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jueves, 16 de julio de 2009

EL FESTIVAL DE GION


En el año 869 Kioto sufrió el azote de una terrible plaga. Desesperado, el emperador Seiwa envio a sus mensajeros al santuario de Gión, para pedir a los dioses se dignen aplacar su divina furia. Una majestuosa procesión se volcó a las calles de la antigua capital, y al parecer sus clamores fueron escuchados, pues la plaga desaparecio de tierras japonesas.

Es así como nació el más grandioso festival de Japón, el Gion Matsuri (matsuri=festival). Consiste en un desfile alternada 32 flotas, y que presentan imponentes carros alegóricos, enteramente construidos en madera y montados sin utilizar un solo clavo, alcanzando a pesar hasta 1.2 toneladas. Son de dos tipos, los más altos, con un largo mástil, llamados Hoko y los Yama, que generalmente tienen un árbol encima. Sobre ellos van los grupos procesionales, ataviados con trajes tradicionales, ejecutando música religiosa y una coreografia muy estudiada de movimientos.


Desde el 13 de julio y durante las tres noches siguientes, Kioto se vuelca hacia a las calles. Como la Semana Santa en Perú, las calzadas se pueblan de establecimientos de comida tradicional. Los olores de los potajes se mezclan con gritos de los ofertantes como “IRASHAIMASEEEEEEE” (bienvenidooooo) o “IKAGA DESU KAAAA?” (¿gustaaas?).



Las casas se abren hacia el público, mostrando su precioso interior, y los finos adornos que luego conformarán el atuendo del carro.



Cada Hoko es decorado con preciosos ornamentos importados de varias partes del mundo, como bordados holandeses, o tapicería persa, y por supuesto, con finos acabados japoneses.



Encima de los carros, los grupos ejecutan la música al son de campanas y percusión, pero también es común ver a niños cantando o tocando tambores con maestría envidiable. También los adultos realizan actos con fuego o saltos acrobáticos.



Los kiotoitas participan de las festividades no sólo ingiriendo la comida, sino que muchos de ellos, hombres, mujeres y niños, visten el tradicional yukata, una especie de kimono de verano, con los típicos zapatos de madera. Es común ver mucha gente tomándose fotos por doquier.

Aquí, este grupo de simpáticas japonesitas posa haciendo el super trilladísimo pero inevitable símbolo de “peace” o “la V de la victoria”.

El día central del festival es el 17 de julio. En la primera flota, llamada Naginataboko, un niño, especialmente seleccionado (no sé si por sus buenas notas), personifica a Chigo, símbolo de la pureza. Particularmente ataviado y con el rostro pintado, toma entre sus manos una espada samurai, y cortando de un solo sablazo una cuerda da inicio a la procesión.



Los inmensos carros son arrastrados por la fuerza de una veintena de hombres, pero al llegar a la esquina, éstos son muy difíciles de girar, ya que no tienen un mecanismo similar a un timón. Para tal efecto, se colocan tiras de bambu humedecido en las ruedas, deslizando los tremendos armatostes lateralmente.



Acompañan a los carros numerosos grupos, realizando alegorías y movimientos coreograficos.


200,000 visitantes llevan a punto de ebullición las calles de Kioto, mientras todo Japón disfruta del espectáculo por cadena nacional. El espíritu del Gion Matsuri es contagiante, tanto que muchos extranjeros se animan a vestir yukata...

Con Kati, durante mi primer Gion Matsuri en el 2003, fecha en que escribí esta nota.

En el Gion Matsuri del 2004
Gion Matsuri 2009. Como no tenía yukata usé mi kandora árabe (fue toda una sensación).
Aquí, en la gloria con un grupo de bellezas latinas. Foto cortesía de Giancarlo Flores.

domingo, 23 de septiembre de 2007

APRENDIENDO SOBRE NASCA... EN JAPÓN



Hoy asistí, con cierta vergüenza, a una exhibición de la cultura peruana Nasca en el Museo de Historia de Kioto, en Japón. Con cierta vergüenza, digo, pues a pesar de haber vivido geográficamente cerca y de haber pasado infinidad de veces por Nasca en mis vijes a Lima, nunca me he detenido a ver este mágico lugar y es aquí, a miles de kilómetros de distancia, donde me vengo a enterar con más detalle de su maravillosa cultura.

La exposición ha sido todo un éxito. Instalada en dos pisos del museo, ha recibido hordas de japoneses de todas las edades que colmaron el lugar al punto que era difícil caminar. Muchas veces he escuchado de ellos exclamar la expresión "sugooooi na!!" (excelente, ¿no?), admirados por el desarrollo de esta cultura, y por la calidad de la muestra, que para facilitar su comprensión, ha incluído algunos ejemplos de la cultura Paracas, predecesora de la Nasca.

Tal vez sea pertinente destacar que mientras los Paracas (750 A.C. - 100 D.C) practicaban difíciles momificaciones, deformaban y trepanaban cráneos y bordaban sus magníficos textiles, los japoneses estaban saliendo del neolítico o periodo Jomon y cuando Cahuachi, la soberbia capital Nasca (300 A.C - 600 D.C) estaba en todo su esplendor, Japón aún no había desarrollado sus capitales al estilo chino en Heijo-kyo (Nara) y Heian-kyo (Kioto).

Por eso, me siento conmovido y halagado por el interés que despierta en el público nipón esta cultura de mi país. La muestra, como dije, era muy completa (lo único que faltaba era alguna explicación en inglés). Incluía las típicas cerámicas con asa tipo puente, incluyendo diferentes motivos (agricultura, caza, pesca, guerra y arte erótico). Había también soberbios textiles Paracas, momias de ambas culturas extraordinariamente conservadas para tener 2000 años y un video que explicaba el proceso de descubrimiento de los fardos funerarios. La muestra culmina con un extraordinario vuelo tridimensional de las famosas líneas de Nasca, con un realismo que, como aficionado al arte en 3D, me dejó fascinado por su nivel de detalle. Cabe destacar que hace poco, un grupo de científicos japoneses de la Universidad de Yamagata descubrió nuevas líneas en Nasca, hasta ahora no estudiadas.

Al final de la muestra hay unas computadoras donde el usuario puede hacer su propio vuelo multimedia y una pared mostrando tarjetas de "mensajes Nasca por la Paz" hechas por los niños. Por supuesto, la infaltable tienda de souvenirs con artesanías peruanas que me motivaron mucha nostalgia, además de las galletas japonesas Nasca, que me motivaron mucha risa. Fue un negocio redondo, a pesar de que los precios estaban más del triple que en Perú.

Al final, salí pleno de orgullo y emoción al comprobar el interés que despierta la cultura peruana en Japón. Al parecer, Nasca no es un caso aislado... ya se está anunciando la exposición "Inca, Maya, Azteca"... a no perdérsela.

Presionar aquí para ver más datos sobre la cultura Paracas y Nasca en Amautacuna de Historia y el Culturas del Perú Pre-Hispánico, ambos estupendos blogs del Prof. Arturo Gómez Alarcón.

Mensajes Nasca por la Paz

miércoles, 27 de junio de 2007

MI PRIMERA VISITA A UN EDIFICIO DE TADAO.

Versión impresionista del Jardín de las Artes Finas

Para visitar el Jardín de las Artes Finas, generalmente se toma el subterráneo hasta la estación de Kitayama, que queda casi al frente de este museo abierto. Generalmente... aunque mi primera visita a un edificio de Tadao Ando fue más bien tras una caminata de varios kilómetros. Es más, ni siquiera había sido parte del itinerario, ya que íbamos en camino al Kinkaku ji.

Era mi segundo día en Japón, hace ya más de cuatro años. Junto a otros dos arquitectos, Verónica de Chipre y Juan de República Dominicana, habíamos decidido explorar Kioto a pie, que por entonces rebosaba de alegría vestido en sus mejores galas con los árboles de cerezo en flor.

Entonces nos topamos con el jardín de Tadao Ando, que es un espacio que nunca habíamos visto en la literatura occidental. Pero fue una sensación extraña, que aún mantengo viva, como si fuera ayer, pues me parecía increíble poder estar parado en un edificio de un arquitecto tan famoso. Fue entonces que tomé mi primera foto del edificio con mi cámara RICOH, que había comprado en Perú.

Más tarde, al ver la foto luego en casa comprendí algo muy importante: que debía botar esa cámara RICOH a la basura y comprar nueva, ya que la resolución y calidad era muy POBREH.

Junto con Verónica de Chipre, mi primera foto en Japón

Al ingresar en el jardín, la sorpresa fue mayor de lo que esperábamos: los cambios de escala, los espectaculares puentes y rampas, la secuencia de reproducciones de artistas famosos cuyas figuras se cruzaban en el recorrido y el gorgoteo juguetón del agua estimulaban todos los sentidos: un placer visual, un deleite sonoro, una combinación de sensaciones tactiles al tocar sus paredes de concreto pulido, la fragancia del vecino jardín botánico... la verdad es que sólo nos faltó lamerlo...

Si deseas visitar el museo, está abierto de 09:00 a 17:00, sólo cuesta 100 yenes la entrada. No te recomiendo la caminata... es mejor tomar el subterráneo en la estación de Kitayama.

Presionar aquí para volver al artículo de Mi Moleskine Arquitectónico sobre el Jardín de las Artes Finas